sábado, 13 de agosto de 2011

Eduardo Lara e hija, ¿dónde está tu dios ahora?

La irracionalidad religiosa, ha copado todos los ámbitos de la sociedad, y uno de los deportes más populares del mundo, no se ha salvado de la superstición. Vemos repetidamente, cómo el técnico de la selección Colombia sub-20, se encomienda a dios y a la virgen para obtener la bendición divina, y luego, cuando obtiene el triunfo; ¡no hay duda! Fue gracias a dios, y entonces hay que ir a pagar la promesa hecha a la virgen en agradecimientos por haber ayudado al equipo a lograr el triunfo.

“Yo respeto pero no comparto”, dicen algunos ateos laxos, al referirse a tanta irracionalidad. Mi caso es diferente; yo no comparto, y tampoco lo respeto; la ridiculez de las afirmaciones de los creyentes fanáticos al fútbol es tan extrema, como decir que en un campeonato mundial que está en la fase de muerte súbita, puede darse el caso de que los dos equipos enfrentados clasifiquen a la siguiente ronda. Es imposible; en un campeonato mundial en la fase de muerte súbita, solo un equipo por partido puede clasificar; no pueden haber dos ganadores o dos perdedores, debe haber un ganador y un perdedor.

No importa si nuestro técnico y los jugadores se encomiendan a la virgen del Carmen; y el técnico y los jugadores mexicanos se encomiendan a la “milagrosa” virgencita de Guadalupe. ¿Cómo elige dios o la virgen, quién será el equipo ganador? ¿Usan una moneda?. Al parecer, dios y la virgen, dejan todo en manos del azar; sabemos que el azar existe, y es el fundamento de los casinos y las loterías. El azar existe, y se puede demostrar; y no se requiere de un ser sobrenatural para que el azar haga su trabajo.

Así que, señor Eduardo Lara, jugadores e hinchas creyentes en amigos imaginarios. ¡A rezar a otra parte!, dios no existe, y México se los ha demostrado. Ahora irán los manitos a pagar la promesa a la guadalupana, y tristemente, la irracionalidad religiosa seguirá campante en los estadios del mundo.


De nada sirve rezar Flanders, yo mismo acabo de hacerlo y no vamos a ganar los dos.
(Reverendo Alegria)